¿Qué pasa cuando se apaga todo? Una pequeña encuesta sobre el apagón tecnológico
Durante un reciente apagón tecnológico y caída masiva de internet y electricidad, que dejó a muchas personas temporalmente desconectadas del mundo digital, decidí lanzar una encuesta rápida en Instagram para explorar cómo lo vivieron mis seguidores.
Aunque los resultados no son científicos ni concluyentes (ni tienen validez estadística), sí nos ofrecen una muestra curiosa y profundamente humana sobre cómo nos relacionamos con la tecnología… y con nosotros mismos cuando esta desaparece de repente.
🔌 ¿Cómo reaccionamos ante la caída de internet y la desconexión digital?
La primera sorpresa fue positiva: aunque al principio hubo cierta incomodidad, el 63% de las personas se adaptó rápido y un 33% incluso sintió paz. Solo un 4% declaró sentir ansiedad intensa.
Parece que, aunque vivimos hiperconectados, nuestro cerebro agradece los espacios de silencio y pausa, incluso si no los buscamos activamente. Esto refuerza la idea de que la desconexión digital puede tener beneficios mentales inesperados.
En un mundo donde el ruido digital es constante, resulta revelador que un simple apagón provoque alivio en lugar de pánico. La desconexión se convierte, sin buscarlo, en una forma de autocuidado. Y no porque desaparezcan los problemas, sino porque se apaga el exceso de estímulos que muchas veces no logramos filtrar.
📱 ¿Qué hicimos sin pantallas durante el apagón tecnológico?
Más de la mitad reaccionó revisando compulsivamente el móvil, incluso sabiendo que no funcionaba. Pero un 50% aprovechó para descansar, leer o hablar con alguien, y un 38% hizo algo diferente que no suele hacer, como ordenar, escribir o cocinar.
Estamos tan automatizados en el uso de la tecnología que incluso en su ausencia, nuestro primer impulso es acudir a ella. Pero cuando ese automatismo se rompe, emerge la creatividad, la conexión auténtica y el aburrimiento fértil.
Este punto es clave: en el espacio que deja la tecnología, aparece algo valioso. No es solo la ausencia de conexión lo que cuenta, sino lo que ocurre en ese vacío. Es ahí donde recordamos que podemos estar presentes sin estímulos externos. Y que el aburrimiento, tan temido, es también una puerta a la imaginación.
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🧠 ¿Nos afectó emocionalmente esta desconexión forzada?
Un 78% no se sintió estresado, y un 39% se sintió más tranquilo de lo normal. Además, el 77% declaró que la experiencia le ayudó a reconectar consigo mismo o con otras personas.
El exceso de estímulos digitales puede estar provocando más agotamiento emocional del que notamos. La desconexión forzada puede actuar como una especie de «reset emocional», algo que puede mejorar nuestra salud mental.
Lo interesante aquí no es solo lo que se apagó, sino lo que se encendió dentro. Muchos señalaron que pudieron estar más presentes, más disponibles emocionalmente y más en sintonía con su entorno. Este tipo de desintoxicación digital involuntaria parece tener efectos terapéuticos, incluso sin intención consciente.
⏳ ¿Podríamos vivir con un apagón tecnológico y sin internet si quisiéramos?
Un 87% cree que podría estar sin internet al menos un día entero, y un 19% incluso se plantea desconectar de forma regular tras esta experiencia.
No es tanto que no podamos vivir sin internet, sino que nos cuesta elegir conscientemente salir de ese ciclo. Pero cuando lo hacemos, descubrimos recursos internos olvidados, lo que fortalece nuestra autonomía emocional.
Esto nos plantea una reflexión mayor: ¿cómo sería nuestra rutina si desconectáramos voluntariamente un par de horas al día? Tal vez no se trata de renunciar a la tecnología, sino de recuperar el control sobre su uso.
Nuestras terapias pueden ayudarte.
🪞 ¿Qué aprendemos de este experimento de desconexión?
Aunque la caída de internet fue una situación inesperada, este pequeño experimento improvisado nos deja algunas reflexiones clave para nuestra vida digital:
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Nuestra relación con la tecnología es más automática de lo que creemos.
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El silencio, el aburrimiento y la pausa son fuentes de creatividad y conexión real.
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La desconexión, bien dosificada, puede ser un cuidado psicológico más.
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No hace falta que se caiga el sistema para reconectar: podemos hacerlo por decisión propia.
Estas ideas no nacen de un discurso anti-tecnología, sino de la necesidad de crear una relación más consciente con ella. En lugar de apagarlo todo, tal vez podemos aprender a poner pausa y aprovechar los beneficios de desconectarse.
💡 ¿Y tú? ¿Cómo viviste tu propio apagón tecnológico y digital?
¿Te sentiste raro, tranquilo o incluso aliviado? ¿Qué hiciste cuando no podías hacer «scroll»?
A veces, desconectarnos del mundo digital es la mejor manera de reconectarnos con el humano. Síguenos en Instagram y Tik Tok para contarnos como lo vivisteis
🧘♀️ ¿Te gustaría que esta experiencia se convirtiera en una práctica voluntaria?
Haz la prueba: apaga por un rato. A lo mejor, se enciende algo dentro.
La próxima vez que haya una caída de internet, no la sufras… vívela como un respiro.
Y si no hay apagón, créalo tú. Porque no hay mejor tecnología que una mente descansada.